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Archive for 19 mayo 2009

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… pronto descubrí que necesitaba leer tanto como comer y que no iba a ser capaz de sobrevivir al castigo de mis padres sin perder la cordura. Tuve un fuerte síndrome de abstinencia: cuando intentaba jugar a las cartas cogía la baraja a modo de libro y empezaba a pasar los naipes uno por uno cantando cual niño de san Ildefonso: “As de bastos, siete de espadas, seis de copas…”. Empecé a jugar únicamente a juegos de mesa nuevos sólo para leerme las instrucciones. Leía incluso los avisos de: “para niños a partir de 6 años”. Comencé a leer los ingredientes de todo lo que comía… y pronto dejé de comer. Me estaba afectando mucho.

Un día llegué a tener un episodio alucinatorio y vi un bebé gateando por el techo de mi cuarto que declamaba: (más…)

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Pero bueno, vamos a hablar de cosas más agradables… Deberías conocer París. Las noches de París son un mundo aparte. A veces pienso que son el motivo por el que existen todas las demás cosas: para que pueda existir el ambiente parisino por las noches. Las veladas de “La Tertulia” son como una preparación para el el resto de la noche a la que accedemos los más privilegiados. Ahí vemos y oímos lo mejor que existe sobre la tierra hasta el momento. Créeme. Ahí nos emborrachamos de arte: Cuadros, proyecciones, piezas de Jazz, relatos, pequeñas obras de teatro de “superrealismo callejero” (así lo llama Bruno)… y al terminar, entusiasmados ya y “elegantes” de vino de naranja, salimos a llenar la ciudad.

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A todos nos fastidia pillarlo (o, mejor dicho, que nos pille), pero es cuestión de tiempo que caigamos. Si te libras en otoño caerás en primavera o, si no, en una de esas noches de verano en las que salta el relente, vas en manga corta y no te das cuenta hasta que ya te has enfriado del todo. Sí, lo digo y lo repito para el que no lo tenga claro: (más…)

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… Se trataba tan sólo de un pequeñísimo detalle que se me ocurrió sobre la marcha cuando acababa de esconder el calcetín. Mientras daba a oler al perro el ejemplar seco, en lugar de las palabras acostumbradas empecé a decirle: “indaga, indaga”, que aunque no era exactamente un sinónimo de “busca, busca” a mí me parecía más profesional e intrigante.

Ni que decir tiene que mi amigo no conocía esas palabrotas y no quedó conforme. Según él yo intentaba liar a Tor para hacerle perder tiempo y ganar con trampas. Por suerte teníamos un complejísimo reglamento establecido para aquellos casos según el cual, en caso de pelea, decidía el “juez de no-turno” (así se llamaba) que aquella vez, puesto que era mi turno, estaba formado por los padres de él. Y a ellos fuimos.

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