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Archive for 18 diciembre 2009

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Capítulo 3

En el bloque de enfrente un hombre termina su cigarro asomado a la calle. No se distingue bien qué es humo y qué es vaho. Apaga la colilla en el alféizar y se mete cerrando a toda prisa la ventana. Abajo echan la reja del café, que acaba de quedarse a oscuras. Las farolas dejan ver los bordillos de las carreteras que aún amontonan algo de la última nevada mezclado con grava y con barro. Por lo demás, parece que hubiera estado lloviendo agua sucia toda la tarde.

Reflejada en el cristal veo a Marianne que enciende el flexo. Sabe que no me gusta que encienda la luz del techo. Veo su silueta vestirse. Coge el dinero que le he dejado donde siempre y se va. Antes de cerrar la puerta se despide –Hasta pronto; – Hasta pronto, Marianne- le confirmo sin volverme. Y cierra.

Una vez quiso irse sin cobrar. Lo hizo porque es muy buena, pero nadie es tan bueno mucho tiempo seguido, así que no le dejé hacerlo. Me enfadé mucho y ella se asustó y cogió el dinero. Si la hubiera dejado, lo más probable es que pronto hubiera dejado de venir. Yo no necesito tratos especiales. Lo que necesito es que me siga tratando como a uno más. Por eso sigo buscándola siempre a ella. Por eso me enfadé tanto aquella vez.

Al poco la veo abajo en la calle. El silencio me deja oír cómo clava los tacones de sus botas al alejarse. Se aleja hacia la boca del metro y desaparece escaleras abajo. Un instante después, todavía veo flotar el vaho de su última bocanada.

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Ahí vi por fin la ocasión de exponer mi talento y contarles mi argucia:

¡Gran pregunta! Parece que a pesar de todo es usted más espabilada que éste de aquí. Yo la he engañado a usted. Yo he tramado todo el plan para que saliera usted a buscar a la Dolores  y colarme en este despacho. (más…)

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El resultado de mi entrevista con el director ya lo podéis imaginar. Yo le saludé al entrar igualito que un lacayo y por su cara de sorpresa pensé que me iba a preguntar cómo había sido capaz de llegar hasta allí. Mentalmente preparé una respuesta presentando mi hazaña y toda la inteligentísima maniobra de despiste de la señorita Julia como ejemplo y muestra de mis grandes cualidades. No olvidemos que yo estaba allí para pedir que me subieran de curso (sin nombrar a Carlota para nada) y mi único argumento a favor consistía en ser niño-prodigio, por lo que cualquier muestra de inteligencia dotada me podía resultar una gran ayuda.

Sin embargo, tras siete larguísimos segundos de silencio esperando su pregunta, sólo me dijo: –Dime, ¿qué quieres?. – con aquello ya empezó Don Luis a mosquearme <<¡Bien empezábamos!, Conque no se sorprende por nada ¿eh?>>. No dije nada, sólo resoplé y meneé la cabeza con gesto de impaciencia. Acto seguido me dirigí hacia su mesa (más…)

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El quitanieves

El año pasado por estas fechas yo tenía un trabajo en Alemania. Allí tuve un día la siguiente revelación que envié a mi familia en un email:

Los que me conocéis sabéis que, con eso de haber nacido en Cádiz y haber vivido en Rota de niño, al lado de la playa, etc…, una de las primeras cosas que quise ser “de mayor” fue (más…)

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