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Archive for 29 junio 2010

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Capítulo 4

“¡Hola tio a que no sabes que!”. Así empieza su carta. Esta noche la he abierto. Salía a la calle después de cenar algo y la he visto asomando en el buzón. El pulso se me ha acelerado al correr a cogerla. Temía que fuera otro aviso de impago del alquiler. Me queda un aviso más y luego, si no les doy lástima, llamarán a la puerta para pedirme la llave. He visto su letra en el remite y me he sentido aliviado. Me la he traído al bar para leerla aquí otra vez: “¡Hola tio a que no sabes que! (más…)

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…y otra de arena

Los clásicos son clásicos y Dostoievski es un maestro. De otra forma no habría sido posible que, a pesar de las temporadas sin leer que dejé por medio por distintas razones, retomara yo una y otra vez la lectura de “El Idiota” hasta terminarlo con un último atracón que cogió casi el último cuarto completo del libro. Pero no toda la literatura de calidad tiene por qué ser tan rusa, y después de la novela del maestro necesitaba historias cortas, así que he ido leyendo Pedro Páramo, El extranjero y, tras otro medio libro bastante entretenido pero que he dejado por vacuo, me he metido por fin con Final del juego. (Cortázar era una de mis asignaturas pendientes).

Los escritores sudamericanos del siglo pasado me vienen cautivando desde hace tiempo (Rulfo, quizás el que más por El llano en llamas) y el de Cortázar reúne la condición ser un libro de relatos cortos (algunos cortísimos) y la de pertenecer a un escritor del “boom sudamericano” candidato a nuevo clásico.

Mi primera impresión no ha podido ser mejor: Un relato de dos carillas de un ingenio excelente y con un final deslumbrante resuelto en las últimas palabras de la última frase. (Salvando las enormes distancias me recordó a mi “relato en una carilla”).

Sin embargo, a pesar del ingenio que demuestra en la ristra de relatos que yo no podía parar de leer, empezaba a echar de menos algo de… humanidad, si me entendéis. Y ya estaba empezando a fruncir el ceño y a afilar mi espíritu crítico con el índice levantado: –“A excepción de Los Venenos, que más o menos se salva, son todos relatos fríos, cabriolas del ingenio, geniales fuegos de artificio que no contienen nada que concierna al ser humano y blablablá que blablá”– (A veces me pongo en ese plan. Trato de dejar pasar un tiempo y no hablar mucho).

Pero claro, es Cortázar y tanto reconocimiento debía venirle de alguna parte: Acabo de leer Torito.

A sus pies, Don Julio.

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