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Archive for the ‘chantaje’ Category

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Él escuchó atento todos los detalles de mi plan y luego discutimos sobre algunos puntos:

– “No, tío, no se puede poner en peligro al otro. Mentir a la secretaria va contra las reglas. Que luego me pueden castigar”.

– “Pero no le tienes que mentir, mira, todo lo que le vas a decir es verdad…”

Me costó un poco convencerlo, pero Pancho sabía lo importante que era para mí entrar en ese despacho y hablar con el director, así que al final accedió.

En algunas ocasiones habíamos visto que cuando Julia, la secretaria, salía de la secretaría y salía del pasillo de los despachos, cerraba la puerta de dicho pasillo, que sólo se podía abrir con llave o desde dentro. Así evitaba que durante su ausencia cualquier alumno se colara por allí. De modo que nuestro plan consistía en (más…)

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Yo estaba también en casa de Pancho al día siguiente cuando sus padres volvieron a discutir.

– ¡Que yo no he cogido ese coche desde hace meses! ¡Te lo acabo de decir, que fuiste tú la última!

– A mí nunca se me ha olvidado echarle el freno y me acuerdo muy bien cómo lo dejé la última vez.

– ¿Pero me quieres decir para qué te iba a mentir yo? Se te ha olvidado y estás enfadada porque no quieres admitir que ha sido culpa tuya.

– Mira, lo único que vas a conseguir es que piense que lo has hecho queriendo, es más, que la otra vez también fue queriendo.

– ¡Que la otra vez yo no tuve nada que ver!¡Que le dieron mientras estaba aparcado! Te estás poniendo muy tonta con el cochecito de las narices.

– ¿Ves? “El cochecito de las narices” ¿no?. Pero a quién vas a engañar, si llevas años queriendo deshacerte de él.

– ¿Pues sabes qué te digo? que sí, que me alegro de que se haya abollado. Y a ver si sale bien caro arreglarlo y te decides a venderlo ya.

Pancho estuvo muy serio y muy callado ese día. Aún éramos muy niños para darnos cuenta de que (más…)

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Ya han pasado más de veinte años desde aquello, pero un pacto es un pacto y no tiene fecha de caducidad. Así que ayer llamé a Pancho de nuevo después de algunos años sin saber nada de él y, entre otras muchas cosas para las que dio la casi hora y media de conversación telefónica que tuvimos, le pedí permiso para publicar su “secreto del coche”. Pensé que le gustaría saber que estoy publicando nuestra historia y enseguida me daría luz verde, pero ha tenido una salida mucho más original. La verdad es que al principio no se acordaba bien de si aquél había sido uno de aquellos silencios que nos cobrábamos o no, pero al refrescarle yo la memoria se ha echado a reír y me ha dicho: (más…)

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Cuando mi familia cuenta esta historia, llegado este punto, suele pasar directamente a la ocasión en que según les gusta decir (y no sin cierto cachondeíto) volví a ser niño prodigio. Sí es cierto que por medio comentan brevemente que: “y bueno, lo de Carlota le dio muy fuerte. De hecho un día se fue a hablar con el director para pedirle que le subiera de curso. Se coló en su despacho y le soltó un discurso de los suyos de esos barrocos y pedante a más no poder… ¡que se lo había estado preparando por las noches!… para convencerlo. Pero no funcionó, yo creo que porque Don Luis no tenía permitido hacer esas cosas: hace falta la voluntad de los padres, que lo apruebe un psicólogo… y no sé que más. Pero bueno, sí que nos llamó después para contárnoslo y por la gracia que le había hecho yo creo que le habría encantado poder subirlo de curso aunque fuera un día. Cómo se reía mientras nos lo contaba… ¿Te acuerdas?. Total, que como aquello no funcionó decidió (más…)

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