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Archive for the ‘Clásicos’ Category

De dos en dos

La última vez no he sido suficientemente paciente y he comenzado un libro sin haber terminado el anterior (y sin abandonarlo) y actualmente me encuentro por primera vez leyendo dos libros al mismo tiempo: terminando poco a poco “el Llano en Llamas” y a medias con los relatos de “Los Usurpadores” de Ayala.

Con todo y con tener en casa libros por leer, hoy he pasado por la feria del libro de mi pueblo y no me he podido resistir. Me he comprado otros dos libros. Uno es “El retrato de Dorian Gray”, un clásico y una gran laguna en mi cultura literaria. El otro es de un escritor español contemporáneo: Ramón Moix Messeguer, alias “Terenci Moix”. Se trata de “La herida de la esfinge, (capriccio romántico)”.

Tengo curiosidad por la obra del catalán desde que leí un artículo en el que hablaban de sus primeras obras (“Besaré tu cadaver” y “han matado a una rubia”. Realmente tengo más interés por sus novelas policíacas que por su obra crítica o la pasión por la cultura egipcia que dicen que vuelca en sus novelas, pero me ha atraído la descripción que el propio autor hace al principio del libro del modo en que lo escribió/reescribió. He querido conocer el resultado de ese proceso y aquí estoy, con el libro delante lleno de rumores. Ya os contaré.

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Mientras leía “El Idiota” de Dostoyevski, que es un maestro, tuve ganas en muchas ocasiones de parar y copiar una frase o un párrafo entero para compartirlo en el blog. Pero las ganas de seguir leyendo me hicieron dejar de lado esa idea. Finalmente terminé el libro y sin haber hecho ninguna cita y ahora sí que da pereza ponerse a buscar aquellas frases (a saber por qué capítulo andaban) para repetirlas aquí.

En esta ocasión no voy a dejar que me ocurra lo mismo y voy a compartir citas del libro que tengo entre las manos (Un Mundo Feliz. “Brave New World”. de A. Huxley) ahora que me las encuentro y antes de que sea tarde.

“El impulso contenido se desborda en una ola de sentimientos, de pasión, hasta de locura; todo depende de la fuerza de la corriente, de la altura y resistencia de la presa. El arroyo sin obstáculos se desliza continuamente por los canales que le han sido dispuestos hacia un tranquilo bienestar.

[…] El sentimiento acecha en el intervalo que media entre (más…)

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…y otra de arena

Los clásicos son clásicos y Dostoievski es un maestro. De otra forma no habría sido posible que, a pesar de las temporadas sin leer que dejé por medio por distintas razones, retomara yo una y otra vez la lectura de “El Idiota” hasta terminarlo con un último atracón que cogió casi el último cuarto completo del libro. Pero no toda la literatura de calidad tiene por qué ser tan rusa, y después de la novela del maestro necesitaba historias cortas, así que he ido leyendo Pedro Páramo, El extranjero y, tras otro medio libro bastante entretenido pero que he dejado por vacuo, me he metido por fin con Final del juego. (Cortázar era una de mis asignaturas pendientes).

Los escritores sudamericanos del siglo pasado me vienen cautivando desde hace tiempo (Rulfo, quizás el que más por El llano en llamas) y el de Cortázar reúne la condición ser un libro de relatos cortos (algunos cortísimos) y la de pertenecer a un escritor del “boom sudamericano” candidato a nuevo clásico.

Mi primera impresión no ha podido ser mejor: Un relato de dos carillas de un ingenio excelente y con un final deslumbrante resuelto en las últimas palabras de la última frase. (Salvando las enormes distancias me recordó a mi “relato en una carilla”).

Sin embargo, a pesar del ingenio que demuestra en la ristra de relatos que yo no podía parar de leer, empezaba a echar de menos algo de… humanidad, si me entendéis. Y ya estaba empezando a fruncir el ceño y a afilar mi espíritu crítico con el índice levantado: –“A excepción de Los Venenos, que más o menos se salva, son todos relatos fríos, cabriolas del ingenio, geniales fuegos de artificio que no contienen nada que concierna al ser humano y blablablá que blablá”– (A veces me pongo en ese plan. Trato de dejar pasar un tiempo y no hablar mucho).

Pero claro, es Cortázar y tanto reconocimiento debía venirle de alguna parte: Acabo de leer Torito.

A sus pies, Don Julio.

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Pedro Páramo

Estoy de enhorabuena. Me acaban de regalar “Pedro Páramo” de Juan Rulfo. Un libro que llevo más de diez años queriendo leer. Comencé a leerlo en La Casa del Libro de Sevilla cuando aún era estudiante, pero no me lo pude comprar. Leí algunas páginas más la siguiente vez que volví y pronto cayó en mis manos un ejemplar de “El Llano en Llamas”, el otro libro de Rulfo. (Sí, curiosamente, salvo un guión para cine sólo escribió esos dos libros). En la historia “de las dos veces que fui niño prodigio” he incluido la primera frase de Pedro Páramo como un guiño para los lectores que sepan darse cuenta (está en una de las entradas en que cito también “La historia interminable”, “El Quijote” y la película “Trainspoting”). En fin, que tengo ya una cierta fijación con el libro del mejicano.

“El llano en llamas”, por su parte, está en mi lista de libros favoritos en el perfil de este blog. Cuando lo terminé, decidí que debía leerlo más gente, así que lo convertí en libro viajero escribiendo en la primera página una maldición para el que se lo quede y se lo regalé a un Colombiano con el que compartía piso en Alemania por aquel entonces (un fan incondicional de Gabriel García Márquez).

¿Qué pasará con éste? Este me lo quedaré. Es un regalo de cumpleaños (muy atrasado, ya había olvidado que me habían dicho que me lo regalarían) y está dedicado. Así que para mí.

Ahora viene mi dilema: Últimamente no saco mucho tiempo para leer y me encuentro a mitad de un libro para mí larguísimo (“El Idiota”, un clásico, de F. Dostoyevsky). Nunca fui bueno para llevar dos libros a la vez y ahora es peor porque leo menos… ¿Seré capaz de esperar a terminar “El Idiota” antes de empezar con “Pedro Páramo”? El problema es que si no espero, voy a perder el hilo del ruso y se me va a alargar demasiado. Sería una pena estropear por falta de paciencia un libro tan bueno y que estoy disfrutando tanto.

Creo que me pondré la máscara de caballero Jedi y me diré a mí mismo: “la paciencia, joven padawan, madre de sabiduría es”

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<<principio <anterior

Resultó que Pancho había oído muchas veces a sus hermanos hablar de la familia de Carlota. Sus padres se llamaban “Donluiseldirector” y Doña Melisa. Aunque a ésta rara vez la llamaban por su nombre. Según palabras de los hermanos de Pancho, Doña Melisa era una mujer con una “gran pechonalidad” o, según otros “muy echá palante”, por lo que en lugar de Melisa comenzaron a llamarla “Me-abrupta” y luego “Mepesa”. Con el tiempo habían terminado llamándola entre ellos con todo tipo de nombres, como: Meaísla, Meamortígua o, el favorito de todos, (más…)

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<<principio <anterior

Pancho y yo nos habíamos sentado juntos porque ya nos conocíamos. Él era vecino mío. Tenía hermanos mayores y por eso sabía muchas cosas de las que yo no tenía ni idea. Entre otras cosas, andaba siempre contando chistes guarros y coprógenos que les oía contar a ellos. Las bromas coprógenas le encantaban.

Él acababa de coger mi cuaderno y había escrito: “tonto el celo lea” y me lo había dado a leer. Cuando se echó a reír le dije, por supuesto, que el tonto era él porque aquello estaba mal escrito. Pero él no paraba de llamarme tonto mientras me señalaba y no escuchaba lo que le decía. Así que cogí su cuaderno y me puse dibujar su retrato con un 6 y un 4 para ponerle después orejas de burro. Él, mientras tanto, se puso a pintar en el mío una gaviota echando humo por la cabeza y en ese momento , mientras nos fastidiábamos mutuamente los cuadernos, se abrió la puerta de la clase y entró ella. (más…)

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