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Archive for the ‘micro relatos’ Category

Con el levante

Fue suficiente abrir la puerta de la entrada y dar un paso para notar aquel olor a destilería que a menudo se traía para casa. Entré y cerré la puerta cuidando que el viento no me la arrancara de las manos. Al cerrar se quedó todo en silencio. Era el mismo olor, solo que otras veces venía siendo necesario acercarse a él para notarlo.

Lo primero que pensé es que había estado bebiendo en casa, y él nunca bebía allí porque mi madre no le dejaba traerse a los amigos a ese plan, que decía que alborotaban mucho. Y como él tampoco había sido nunca de beber sólo y por su cuenta, pues siempre bebía en el bar y se traía de fuera los vapores aquellos. Pero enseguida comprobé que además de sólo y en casa, había bebido mucho más de lo que acostumbraba, que no digo que fuera poco.

Yo nunca había visto a mi padre tan hasta arriba de alcohol como aquel día. Podría llevar toda la tarde rondándole al whisky. O tal vez todo el día. No lo sé. Yo había salido por la mañana hacia la playa y acababa de volver para la cena. Entré y lo vi hundido en el sofá del cuarto de estar, adormilado bajo la luz de la lámpara de pié que mi madre usaba para leer. Le pregunté dónde estaba mamá desde la puerta de la sala, pero ni le pude entender lo que decía. Allí se quedó sin apenas moverse, despatarrado en el sofá. Y allí siguió luego toda la noche hasta la madrugada, cuando lo oí levantarse y meterse en su cuarto a seguir durmiendo.

Aquel día volvía a soplar levante. En el pueblo casi siempre hacía levante y cuando no, que era las menos de las veces, hacía poniente. Pero siempre siempre soplaba un viento fuerte que no dejaba oír lo que pasaba alrededor. A mí, que crecí con él, me gustaba tenerlo a veces de fondo, porque me ayudaba a pensar. Era como si pudiera oír mejor mis propios pensamientos a base de no poder oír otra cosa. Allí en el pueblo la gente paseaba mucho sola, porque a menudo ir en compañía venía a ser lo mismo. Digo yo que sería por eso, o quizá porque se acostumbra uno al soliloquio y, con lo años, acaba disfrutando de su conversación.

Mis trece años de edad no conseguían entender que ella nos hubiera dejado. Mi padre tampoco debía tenerlo muy claro, porque nunca me respondió bien cuando le pregunté. A veces decía: “yo qué sé” y se volvía a sus cosas como si el tema no le importara en absoluto. Otras veces, en cambio, empezaba a responder con cosas que no respondían. Como que se fue porque le dio la gana, que ella se creía que había nacido en un cuento o porque siempre ocurre igual, porque en el fondo a nadie le importa nadie y que hemos nacido para que nos abandonen y que era mejor acostumbrarse y apretar el culo. Así me decía. Y esas veces, a menudo, se enfadaba y acababa gritando cada vez más y más, hasta que se callaba de pronto porque no aguantaba. Y aquello, verlo, era lo peor de todo.

 

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Y pasamos ahora a las noticias de ámbito internacional: Las represalias del gobierno Hayainí contra los ataques Mauristas del pasado mes de diciembre se siguen retrasando. Las intensas lluvias que desde hace ya más de ocho meses castigan al continente dificultan todo tipo de maniobras militares. Según explica el ministro de defensa hayainí, no se trata únicamente de que las nubes impidan la visibilidad de cara a un posible bombardeo sino que, tanto la lluvia como la actividad eléctrica de las tormentas impiden una buena lectura por parte de los equipos de radar. Por otro lado, la degradación de las vías de transporte junto con la inconsistencia del terreno enfangado dificultan el acceso de activos terrestres.

El presidente Hayaín Muthar ha repetido a sus conciudadanos en su discurso de esta mañana que los (más…)

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El quitanieves

El año pasado por estas fechas yo tenía un trabajo en Alemania. Allí tuve un día la siguiente revelación que envié a mi familia en un email:

Los que me conocéis sabéis que, con eso de haber nacido en Cádiz y haber vivido en Rota de niño, al lado de la playa, etc…, una de las primeras cosas que quise ser “de mayor” fue (más…)

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Nunca

La mente, ya lo sabrá usted, es cosa terca, se sale siempre con la suya y no para nunca de darle a uno problemas. Hay una parte de ella que oye las noticias y los chismes, o los lee, y, sólo con eso, sabe de las cosas que han pasado y de cómo anda la cosa por casa de nosequién o por Madrid o por donde sea. Y es cosa comprobada, y se lo digo por que ya pregunté por esto a alguno más de la barriada y también supieron contarme lo mismo que le digo ahora, que esa zona de la mente es como si tuviera una voz propia y esa voz siempre nos dice las palabras un punto antes de que las digamos. ¿Me comprende usted?. Uno piensa lo que va a decir y oye esa voz y entonces repite uno las palabras que esa voz le dice. O si uno imagina, porque tiene que tener un par de palabritas con alguno sobre algún asunto, qué cosas va a decirle uno a Fulano y cómo ha de responder si éste le sale con que si porque sí o que si porque no, entonces también es esa voz la que va haciendo las dos voces en la conversación para que uno, oyéndola, juzgue buenas las palabras o las cambie.

Sin embargo hay otro lugar en la cabeza que, ¿cómo le diría yo?, que está (más…)

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Qué tierno

Cuando el pequeño Andrés (“Andresín” según su madre) llegó ante el escalón de la entrada, se detuvo para esperar a su padre que lo seguía un paso por detrás de él. Aunque para Andrés, dado su tamaño, aquel paso suponía en realidad más de tres. Su torpe andar, recién aprendido, se sabía incapaz de superar un escalón sin poner las manos en el suelo, pero su orgullo precoz le impedía volver a gatear cuando hacía ya ¡seis meses! que se mantenía erguido. En cuanto su padre estuvo a mano se agarró a su pantalón y subió tirando de él y amenazando con perder el equilibrio a pesar de todo. Su tío abrió la puerta y le echó los brazos enseguida.

– ¡Andresito!. Ven aquí. Voy a enseñarte una cosa que te va a encantar. A que no sabes lo que tenemos en casa (más…)

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Mt, 26

Llegada la tarde, Jesús se sentó a la mesa con los Doce y mientras comían, les dijo: «En verdad os digo: uno de vosotros me va a traicionar. Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?»
El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero … »

… Jesús, perdona un momento. No mojes pan así, hombre, que puede hacer feo. Échate un poco de salsa en tu plato si quieres y usa un tenedor… Pero hombre, tampoco vayas a rebañar. Se moja un poquito y listo. No te pongas serio, Jesús, te lo tengo que decir, que luego te acostumbras y lo haces fuera de casa y puede molestar a la gente. ¿eh?.

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A todos nos fastidia pillarlo (o, mejor dicho, que nos pille), pero es cuestión de tiempo que caigamos. Si te libras en otoño caerás en primavera o, si no, en una de esas noches de verano en las que salta el relente, vas en manga corta y no te das cuenta hasta que ya te has enfriado del todo. Sí, lo digo y lo repito para el que no lo tenga claro: (más…)

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