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Archive for 31 marzo 2009

Los Gatos

Un paso doblado hacia la izquierda le hizo dar con el brazo en una pared llena de capas y capas de carteles de papel. En el mismo movimiento echó el hombro hacia atrás impulsándose y se enderezó sin aminorar la marcha. No conseguía pasos muy rectos. Abrió enormemente los ojos para ver posibles baches al pasar junto a un farol sin luz. De nuevo aceleró al alcanzar terreno iluminado. El aire estaba helado y lo notaba cortándole la cara. Le hacía sentirse veloz. Pasó junto a un largo escaparate y su cara reflejada le pareció graciosamente extraña. Sonrió tontamente al desconocido que le sonreía tontamente sin reducir su ritmo.

La mañana anterior había cruzado la ciudad en sentido contrario y no había imaginado que el día pudiera terminar de aquella forma. ¿En qué había pensado él aquella mañana? En alguna casa ¿en qué ciudad?, en el trabajo, nuevos proyectos. Todo ajeno a lo que ahora vivía. Pensaba temas técnicos, en el mercado, que reclamaba un lenguaje estándar para electrodomésticos inteligentes. Ese era su trabajo por el momento. Con esa simplificación pronto un hogar inteligente no sería un lujo de unos pocos, pronto se implantaría en la sociedad como los coches y los teléfonos. A todos les había gustado el sistema que había instalado en su propia casa. A todos les gustaría. Iba a ser un éxito.

Un gato se escondió bajo un coche en la otra acera y lo vigiló mientras pasaba, quieto y sin parpadear, sin pulso. Como si una operación militar a gran escala dependiera de su sigilo. Él se metió las manos en los bolsillos. No llevaba guantes. Sus sentidos estaban abiertos como nunca. Su equilibrio exageraba cada movimiento haciéndole dar tumbos a los lados. Observaba con atención cada detalle a su alrededor. El silencio hacía extraña la ciudad. Era como estar en una ciudad desconocida, nueva, como si hubiera aparecido de repente en medio de cualquier calle del mundo. Aunque, por otra parte, sabía en qué esquina tenía que girar.

Su mente estaba activa y descontrolada. Imaginaba el crecimiento que había tenido hasta ese preciso momento cada flor que veía, imaginaba al albañil poniendo cada ladrillo que pasaba por su lado, era consciente de toda la historia de cada objeto que se cruzaba y le maravillaba que todas esas historias, de pronto, esa noche, tuvieran relación con él por pasar por allí y reparar en ellas. Respiraba bocanadas de puro presente. Se veía a sí mismo en esa noche como una sorpresa para su pasado y como algo añorado por su futuro y aprovechaba cada instante prestando atención a cada movimiento, a cada color, a cada forma como si hubiera vuelto desde el futuro para vivirlo una única vez más. Sacó las manos de los bolsillos para poder sentir el frío y se maravilló de estar haciendo que dos manos se movieran tan sólo con desearlo.

En cuanto llegara a su casa le esperaba la calefacción, la cena que le apeteciera, la cama. ¡Oh!, la cama. Qué éxtasis era saber en aquel momento que le esperaba una cama. Para él. Su propia cama. Las piernas le dolían de tanto caminar. No le apetecía recordar su historia. Le gustaba aquella sensación de haber aparecido de repente en una ciudad de un universo con una cama preparada para él.

Su conciencia parecía haber dejado de entender el tiempo y el lugar. Se podía ver a sí mismo desde ese gato. El gato miraba desde debajo del coche y él sabía exactamente qué debía estar viendo, la impresión que él debía estar causándole, la tranquilidad de ver que pasaba de largo, el frío que sentía, su visión de la ciudad, su vida de gato. Una extraña alegría le invadió al pensar en su suerte: De aquellos dos personajes que ahora mismo contemplaba a él le había tocado ser el hombre que iba hacia su cama.

Se apartó para no chocar con unos cartones. Debajo dormía un hombre. Trató de no hacer ruido al pisar. Asomaban una melena canosa amarillenta y unos pies vestidos con unas zapatillas rotas.

Era asombroso ser un humano y llegar al portal. Había una zona del planeta reservada únicamente para él. Un lugar con cama y calefacción a su nombre cerrados con una llave para todos menos para él. El mundo se lo había dado, él había aparecido en un universo que lo trataba así. En cuanto cerró la puerta de su casa se encendieron las lámparas del pasillo y del salón. Luces bajas y tenues, como le gustaban, para no romper el ambiente de la noche. Ahora comenzaba en bajo una música alegre y misteriosa que lo entusiasmaba aún más. Se descalzó y se quitó el abrigo y el jersey dejándolos en la entrada.

Le dolían los pies de caminar. La gruesa alfombra le hacía un masaje agradable en las plantas. Se dejó caer tumbado en el sofá. Sus piernas entumecidas agradecieron el descanso. Las encogió con fuerza para estirar los músculos y las volvió a relajar. Pensó en todo lo que obtenía para sí por dedicarse a aquel trabajo que le parecía como un juego. Pensó en el hombre que dormía bajo los cartones en su misma calle pero no se dedicaba a lo mismo que él, pensó en la gente que trabajaba en el campo y que no recibía tanto como él. Él no tenía culpa, tan sólo tenía suerte. Se sentía tan privilegiado. Se acurrucó en el sofá y cantó con los ojos entornados. Le encantaba aquella música. Pensó: “¿Quién roba para mí todo lo que tengo?¿Por qué me prefiere a mí?”

Un micrófono con forma de pirámide truncada escuchaba sin descanso sobre una mesa baja de cristal. Un circuito escondido en el salón atendía a cada sonido preparado para activar otro circuito. Él dijo “QUIERO” en voz alta y el sonido desató la cadena de sucesos. El circuito comprendió y actuó. La pantalla del salón se encendió mostrando un idílico paisaje. Él la miró, sonrió, y rió para sí. “ES TODO” y de nuevo se apagó. Ya no le importaba lo que había estado apunto de pedir. “QUIERO” y volvió a iluminarse aquel frío tapiz. Se dejó embelesar por la sumisión de aquellas cosas ante su voz. él tenía ojos y boca, manos y pies, y ahora también tenía lámparas, calefacción, altavoces y pantalla, y unos y otros obedecían sus deseos. “ABRIR DOCUMENTO”, “ESCRIBIR”, “HOLA AMO”. Y se deleitó viendo aparecer las letras que dictaba. Pero ese día no tenía ninguna buena idea para escribir o no estaba en condiciones de escribirla bien.

El sonido de su respiración fue bien interpretado: La pantalla se apagó, la persiana bajó silenciosamente y se redujo el volumen de la música; las luces fueron apagándose muy lentamente. A los dos minutos todo era silencio y oscuridad y la calefacción aumentó dos grados; durante el sueño los cuerpos se enfrían.

Eran las 10:32. La persiana se entreabrió levemente para dejarle ver sin deslumbrarlo. Oyó la cafetera borboteando en la cocina. Los sábados le gustaba desayunar con calma y recién levantado. Una luz parpadeando le indicaba que tenía mensajes. “QUIERO VER MENSAJES” y la pantalla mostró: “1- Pedido realizado al supermercado: pan y leche. 2- Una llamada al portal a las 9:27”. Había sido el servicio de entrega a domicilio. “NO REPETIR PEDIDO, ES TODO”.

Él mismo salió a las doce hacia el supermercado y recogió y pagó el encargo. A la salida una mujer sentada pedía dinero con un cartel en el regazo. Antes de acercarse buscó en sus bolsillos. No llevaba nada, había pagado con la tarjeta. Tuvo que rehuirle la mirada y pasar de largo. Aquello le hizo sentirse muy incómodo, pero sencillamente no llevaba nada encima, no era culpa suya.

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Cuentan que en el Principio, cuando todo estaba aún recién creado, los dioses menores caminaban todavía libres por La Tierra contemplando con asombro la nueva obra del Supremo. Se sabe que estos dioses no pueden crear realidades a partir de la nada, pero pueden participar en la creación convirtiéndose ellos mismos en aquello que desean que exista. Ésa es precisamente la razón de su existencia.

Así, durante el primer día los dioses fueron quedando prendados de las maravillas de La Tierra y fueron tomando cuerpo en nuevas realidades para completar todo aquello que encontraban. Unos se hicieron nieve para cubrir las montañas, otros se hicieron bosques que enseguida se llenaron de criaturas, algunos se hicieron nuevas especies de plantas y de árboles que daban nuevas frutas y otros se hicieron gruta para hacer aullar al viento.

Cuentan que fueron muchos, muchos los que se estremecieron al ver el mar por vez primera y prefirieron quedarse para siempre junto al mar. Hubo varios que rompieron a cantar alabanzas y mezclaron sus cantos con el movimiento de las olas y llenaron con su canto las grutas y las orillas y las caracolas, otros se sumergieron en el mar y dieron lugar en él a una multitud innumerable de nuevas formas de vida y los hubo que quisieron ser espuma para adornar las olas.

Cuentan también que uno de ellos, uno de los dioses de la nostalgia, quedaba enamorado a cada nuevo instante de aquella visión, pero luego, cada penacho de espuma que se disolvía en el agua le causaba tristeza, cada ola que rompía en los acantilados le producía dolor.Y era un dolor infinito, puesto que era un dios y porque el dolor que produce perder un bien amado es de la medida del amor que se tiene al bien perdido.

En medio de aquel desconsuelo decidió copiar esa obra y hacer un mar en el que el tiempo no pudiera hacer destrozos, un mar que no se le escapara de las manos y pudiera ser suyo para siempre.

Cuentan que aquel dios subió a hasta los abismos que rodean la creación, miró una última vez al mar desde aquel sitio, cerró los ojos y luego se lanzó desde el abismo hacia La Tierra quedando al final de su caída convertido para siempre en un mar quieto.

Y cuentan que ése es el origen del Desierto.

La versión original de este relato, que es la que conocéis algunos, es de finales de 2004 o principios de 2005. Como veréis lo he reeditado porque, aunque la idea me parece buena, creo que no acerté con el ritmo y con el tono. Sigo teniendo algunas dudas sobre algunas frases, pero sea como sea está muy muy mejorado con respecto al original.

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Plagio de …

Una idea absurda le cruzó por la cabeza, aunque no tenía intención de llevarla a cabo. Miró a la perra, cerró la escopeta y le apuntó. Mantuvo el pulso unos segundos así, inmóvil. La perra lo miraba fijamente mientras jadeaba. Parecía que lo entendiera todo pero que no lo creyera. De alguna forma sabía que aquello sólo era un juego.

Unos instantes después sonó el primer disparo. Una bandada de pájaros echó a volar desde un olivo. Sonó el segundo. El eco se esparció por todo el valle.

Sacó los cartuchos y cerró el arma. La sangre se extendía oscura y espesa por el suelo. Se puso otra vez la gorra, se levantó y echó a caminar de vuelta a casa. No sintió la necesidad de volver a mirar atrás.

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He descubierto hace poco, que es posible considerar el plagio incluso como una modalidad literaria. Tal vez no sea una modalidad publicable ni vendible, pero a quienes disfrutan escribiendo tanto como leyendo les puede aportar grandes satisfacciones.

La idea no es copiar un texto y hacerlo pasar por original, se trata sólo de robar (reutilizar) la idea y disfrutar de reescribirla con el estilo propio. Si se disfruta escribiendo, eligiendo un ritmo, un tono, un ambiente, el nivel de detalle, adjetivos, etc, pero un día faltan ideas, ¿por qué no usar las ideas de otros?. No me parece sucio siempre que se admita que la idea no es propia.

Hace poco que lo he puesto en práctica con una escena de un famoso libro que leí hace ya unos años. He olvidado muchos detalles del original, así que probablemente las versiones no se parezcan mucho. Lo voy a poner en la próxima entrada… y no diré de qué libro se trata. Tengo curiosidad por ver cuánto tarda en pasar por aquí alguien que lo reconozca.

Pero una cosa sí: Categoría = “plagio” 😉

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Relato en una carilla

Entró de nuevo la enfermera. No traía buenas noticias, sin embargo no eran nuevas para él. Uno nota cuando el momento se acerca y, además, a su edad no se podía esperar otra cosa. No sentía pena, había vivido tanto que hacía tiempo que aceptaba el final como algo más y en lugar de miedo sentía más bien curiosidad. Tan sólo le daba lástima por su compañero. Su más viejo amigo se iba a quedar muy solo.

Sentía que ya era la hora. Notó un temblor y el mundo pareció estremecerse. Su vida pasó por su cabeza en un segundo a medida que olvidaba. Pudo ver una claridad que jamás había visto antes, esa extraña luz que cuentan como al fondo de un pasillo. Estaba dejando atrás toda la oscuridad de su vida anterior. Supo que en algún lugar del universo algo se desgarraba con un dolor agudo…

…y al fin terminó.

Todo fue claridad. Todo fue nuevo en ese instante. Y entonces habló la enfermera: “El primero ya está fuera y sano. Para el otro es posible que haga falta una cesárea”

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Acaba de nacer este blog. Esta entrada os saluda a los primeros que os paséis por aquí y os explica:

Puesto a escribir, ya que voy a escribir de cualquier modo, he decidido empezar a compartir algunos de mis textos.
No tengo muy claro qué motivo me mueve más a empezar, si las ganas de encontrar alguien que disfrute con lo que escribo o el miedo a tener más mundo interior que exterior. Sea como sea, aquí lo voy a intentar.

Me encantaría que os gustara todo lo que publico, pero aún me gustaría más que, si no os gusta, me lo dijerais.

Salu2 y sali3… y que la fuerza os acelere.

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