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Archive for 26 abril 2011

Empecé a leer el libro en España y lo terminé en Alemania. Por medio estuve investigando sobre Juan Rulfo y me enteré de su asombrosa y poco común trayectoria literaria. Los comentarios sobre sus libros que había oído a Borges y Juan Luís Panero terminaron de completar la buena predisposición con la que empecé el libro y como broche de oro, fuí a parar en Alemania en una residencia con un compañero de piso al que le encantaba la litaratura y beber vino por las noches (que es la cosa más parecida que existe a la literatura :)) y pude tener con él muchas conversaciones sobre libros y autores. Ésto creaba un ambiente perfecto para la expectación que me hizo disfrutar muchísimo la obra del mejicano.

Debo admitir que sin esta predisposición de la que hablo, puede que no hubiera termidado yo tan entusiasmado. Puede que no hubiera prestado tanta atención a la originalidad de aquella forma de escribir. Confieso que algunos de los relatos se me hicieron tediosos y los continué sólo por reverencia a la persona de Juan Rulfo. Sin embargo, otros, al igual que pasó con el comienzo de Pedro Páramo (del que seguía sin haber leído aún más que unas páginas hacía cosa ya de un año), otros, digo, se me quedaron en la memoria y, desde entonces, cada vez que los recuerdo tengo ganas de volver a leerlos. Recuerdo “Nos han dado la tierra”, “Talpa”, “Macario” y “Luvina” (sobre todo Talpa y Luvina) entre esa lista de preferidos. Ah! y también “El día del Derrumbe” y “Anacleto Morones”, aunque de éstos no recordaba el nombre.

Mi decisión (y dejo ya de aburriros con mis impresiones sobre su lectura) fue que aquel libro debía ser leído por mucha gente. Que merecía ser más conocido. Y como lo había recibido gratis, gratis lo dí. Decidí convertirlo en un libro viajero: Me salté mi norma de no escribir nunca en un libro, escribí en su primera página una maldición para aquel que no regalara aquel ejemplar antes o después de leerlo, puse en la última página el nombre de la alemana que me lo había regalado (Pascale) y el mío propio (Javier) y se lo regalé a aquel compañero de piso del que os he hablado (Gabriel) que, por cierto, es colombiano y le gusta que le digan “Gabo” :).

Fue un acto de generosidad suprema deshacerme por el bien de la humanidad del que en ese momento era mi libro favorito (lo que indica que yo no estaba en mis cabales). Por supuesto, decidí que algún día me compraría un ejemplar para mí y que lo volvería a leer. Pues bien, aunque esta anécdota ya la había contado en este blog, fue hace casi dos años y de forma muy resumida. Aquella vez fue con ocasión de que me acababan de regalar por fin “Pedro Páramo” y me quedé con ganas de contarla con más detalle, como se cuentan las cosas que significan mucho para uno. Esta vez ha sido con ocasión de que por fin, después de más de tres años desde que regalé el libro al colombiano me he comprado mi propio ejemplar de “El llano en llamas” y me lo pienso releer como me prometí y con mucho mucho gusto.

Ha sido en Sevilla, en la misma librería en la que comencé a leer “Pedro Páramo” por primera vez, porque sabía que allí lo tenían de la editorial “Cátedra”. Igual que el que regalé.

Creo que hago mal con estas entradas tan largas llenas de detalles que sólo me interesan a mí, pero mi blog es un blog y no una enciclopedia o, mejor dicho: tenía que hacer esta excepción, no he podido evitarlo. Por lo demás, pienso comenzar pronto otro relato que hace mucho que se me ocurrió (quise terminar antes “Cartas a Sofía” al que, por cierto, he rebautizado con el nombre de “martinete”) e iré dispersando por medio entradas cortas con detalles y opiniones sobre algunos de los relatos de Juan Rulfo que me muero por compartir. Todo, como viene siendo habitual en Avicena13, muy poquito a poco.

Hasta pronto…

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