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Archive for 24 febrero 2010

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Hay un banco en un callejón a dos manzanas de aquí. He estado allí sentado alguna noche que he salido a pasear. En la pared de enfrente hay dos ventanucos al nivel del suelo por los que se puede ver la casa del sótano. El banco sirve de excusa para pararse a mirar sin reparo cómo se desenvuelve la vida en el interior.

El aire sigue helado. Las manos y la cara me duelen por el frío mientras el cuerpo me suda bajo la ropa y el chaquetón. Camino a paso ligero. El banco sigue en su sitio y tras las ventanas la luz está hoy encendida. Es la única luz en toda la calle.

La abuela está en su butaca como otras veces con un libro en las manos, aunque no lo lee. Parece hablar a alguien en la la otra habitación. En seguida aparece Cécile, (más…)

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Ya hace algunos años que decidí que el hombre que quiero ser no escribe poesía, pero tengo el vicio muy arraigado y aún de vez en cuando se me escapa alguna. Hace un par de semanas yendo en el tren (siempre viajo con papel y bolígrafo preparado para cualquier relato) me dio por intentar uno. Tengo sólo el boceto, en crudo, tal y como lo escribí en el primer intento. Ahora tocaría terminar de darle forma y corregirlo, pero no lo voy a hacer. De todas formas me he decidido a publicarlo porque el blog está algo parado y ahora mismo no tengo listo ningún capítulo de las historias que he empezado. Aquí va:

El alfarero hindú que fabricaba
las mejores piezas con los colores del valle
y conocía los secretos de la arcilla
más resistente y fina de todos los tiempos,
el físico alemán que tiraría los muros
del recinto de la ciencia
para dejarle paso al Universo entero
al jardín de las manos de la humanidad,
el gran compositor que a un sólo tiempo
concebía las palabras de cientos de instrumentos
hasta la perfección de convencer a cada alma
de la conformidad o bien
de la revolución;
no serán excluidos del incendio,
de la inmensa explosión, del menosprecio,
no serán requeridos ni salvados,
ni tendrán privilegios (ni aún pan tierno).

Contarán con el desprecio que merecen
lo demasiado bueno
y lo desconocido.

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