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Archive for the ‘De las 2 veces que fui…’ Category

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Vi a Don Luís, en la misma calle en la que estábamos, subiéndose a su coche, que estaba aparcado no muy lejos detrás de nosotros. Un auto azul con los cristales muy limpios, tanto que parecían nuevos, pero con un intermitente roto y una pegatina verde en el parabrisas. Me pregunté por qué Carlota no iría con él, pero pensé que era lógico que si él se quedaba hasta muy tarde en el colegio, ella se fuera antes con su madre. Así de simple, ésa fue la primera parte.

La segunda mitad del suceso no se hizo esperar. Cuando apenas quedaba un minuto para llegar a nuestra casa (más…)

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Hasta este punto la cosa se limitaba a una historia de colegio y ciertamente que en eso debería haberse quedado todo. La fama de “mataseños” no me dejaba pasar desapercibido (o, al menos, esa era la impresión que yo tenía) y en esas circunstancias yo no me atrevía a acercarme a la zona donde jugaban los mayores para ver a Carlota. Yo debería haber ido olvidándome de ella poco a poco a base de no verla y habría acabado aprendiendo a jugar al fútbol en los recreos. Pero una de esas tardes ocurrió algo que vino a cambiarlo todo. Y yo, que ya había leído algo de Bécquer y de Espronceda, no pude ver en aquel suceso otra cosa más que la mano del destino. (más…)

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Ahí vi por fin la ocasión de exponer mi talento y contarles mi argucia:

¡Gran pregunta! Parece que a pesar de todo es usted más espabilada que éste de aquí. Yo la he engañado a usted. Yo he tramado todo el plan para que saliera usted a buscar a la Dolores  y colarme en este despacho. (más…)

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El resultado de mi entrevista con el director ya lo podéis imaginar. Yo le saludé al entrar igualito que un lacayo y por su cara de sorpresa pensé que me iba a preguntar cómo había sido capaz de llegar hasta allí. Mentalmente preparé una respuesta presentando mi hazaña y toda la inteligentísima maniobra de despiste de la señorita Julia como ejemplo y muestra de mis grandes cualidades. No olvidemos que yo estaba allí para pedir que me subieran de curso (sin nombrar a Carlota para nada) y mi único argumento a favor consistía en ser niño-prodigio, por lo que cualquier muestra de inteligencia dotada me podía resultar una gran ayuda.

Sin embargo, tras siete larguísimos segundos de silencio esperando su pregunta, sólo me dijo: –Dime, ¿qué quieres?. – con aquello ya empezó Don Luis a mosquearme <<¡Bien empezábamos!, Conque no se sorprende por nada ¿eh?>>. No dije nada, sólo resoplé y meneé la cabeza con gesto de impaciencia. Acto seguido me dirigí hacia su mesa (más…)

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Él escuchó atento todos los detalles de mi plan y luego discutimos sobre algunos puntos:

– “No, tío, no se puede poner en peligro al otro. Mentir a la secretaria va contra las reglas. Que luego me pueden castigar”.

– “Pero no le tienes que mentir, mira, todo lo que le vas a decir es verdad…”

Me costó un poco convencerlo, pero Pancho sabía lo importante que era para mí entrar en ese despacho y hablar con el director, así que al final accedió.

En algunas ocasiones habíamos visto que cuando Julia, la secretaria, salía de la secretaría y salía del pasillo de los despachos, cerraba la puerta de dicho pasillo, que sólo se podía abrir con llave o desde dentro. Así evitaba que durante su ausencia cualquier alumno se colara por allí. De modo que nuestro plan consistía en (más…)

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Yo estaba también en casa de Pancho al día siguiente cuando sus padres volvieron a discutir.

– ¡Que yo no he cogido ese coche desde hace meses! ¡Te lo acabo de decir, que fuiste tú la última!

– A mí nunca se me ha olvidado echarle el freno y me acuerdo muy bien cómo lo dejé la última vez.

– ¿Pero me quieres decir para qué te iba a mentir yo? Se te ha olvidado y estás enfadada porque no quieres admitir que ha sido culpa tuya.

– Mira, lo único que vas a conseguir es que piense que lo has hecho queriendo, es más, que la otra vez también fue queriendo.

– ¡Que la otra vez yo no tuve nada que ver!¡Que le dieron mientras estaba aparcado! Te estás poniendo muy tonta con el cochecito de las narices.

– ¿Ves? “El cochecito de las narices” ¿no?. Pero a quién vas a engañar, si llevas años queriendo deshacerte de él.

– ¿Pues sabes qué te digo? que sí, que me alegro de que se haya abollado. Y a ver si sale bien caro arreglarlo y te decides a venderlo ya.

Pancho estuvo muy serio y muy callado ese día. Aún éramos muy niños para darnos cuenta de que (más…)

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Ya han pasado más de veinte años desde aquello, pero un pacto es un pacto y no tiene fecha de caducidad. Así que ayer llamé a Pancho de nuevo después de algunos años sin saber nada de él y, entre otras muchas cosas para las que dio la casi hora y media de conversación telefónica que tuvimos, le pedí permiso para publicar su “secreto del coche”. Pensé que le gustaría saber que estoy publicando nuestra historia y enseguida me daría luz verde, pero ha tenido una salida mucho más original. La verdad es que al principio no se acordaba bien de si aquél había sido uno de aquellos silencios que nos cobrábamos o no, pero al refrescarle yo la memoria se ha echado a reír y me ha dicho: (más…)

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